Zarja

projectunbreakable:

Hi everyone,

A doctored photo of mine (where someone replaced what was on the photo with something offensive) is circulating around the internet, and while I do appreciate the effort in shedding light on fat-shaming (which the circulating photo deals with), the most important thing I have to do…

Esperanza

Esto…Probablemente todos conocen este sentimiento. Es ese sentimiento en cierta forma desgarrador cuando sabes que eso que quieres no viene ni de lejos, pero aún así algo dentro de ti cree que, seguro, ya llegará. 

Como si viniese una sorpresa. Sólo que nunca llega y te quedas con ese sentimiento amargo de que nunca tuviste que haber esperado nada porque de nada te sirve la esperanza cuando nada la reafirma luego.

Sé que alguien se ha sentido así ahí afuera. Quizá todos.

No es algo agradable, pero en el dolor siempre hay algo hermoso. Es un regalo para todos quienes se sienten solos a veces o incluso siempre. 

De adentro viene la fuerza.

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Esperanza

Cuando él se iba, se podía percatar ese segundo exacto en el que sus ojos se nublaban con el cristalino brillo de las lágrimas que podían venir. Era el instante preciso en el que notaba que no había cambiado nada, que no había ganado ninguna batalla aún y quizá nunca lo haría.

Era la señal de que todo aún importaba. El momento efímero en que ella volvía a ser la de antes y sacarse la molesta careta que estaba obligada a llevar.

“Te ves miserable.”

Seguro lo hacía. Quizá antes, hace unos años, pudiera verse como si nada pasara y aguantarlo todo como si realmente le diera igual, pero los años pasan, nos hacemos viejos y de pronto ya no tenemos la fuerza que teníamos antes.

La práctica hace al maestro.

Cuando nadie quiere oír ni saber lo que sientes te haces experto en ocultarlo, pero es difícil volver a las sombras otra vez cuando ya has salido. Se le hacía doloroso y molesto revivir los fantasmas del pasado siendo que pasó tanto tiempo tratando de mantenerlos encerrados a su petición.

Quizá era ella la que se mantenía entre cuatro paredes y mantenía los fantasmas fuera…

“No te dejé opción…”

No, no lo hizo, pero entonces ¿qué iba a hacer?, no iba a ignorar sus deseos con el afán de no sufrir, pues nunca había sido su política.

A veces le parecía tanto que él iba a decir justo lo que quería, que iba a acabar esa oración casi perfecta con el detalle que la puliría como un diamante… pero  ya estaba acostumbrada a que, por bonito que comenzase, no iba a terminar tan hermoso.

Nada es perfecto.

Quería que le importara, que aquel día después de que ella le entregara su todo una vez más él comprendiese el dolor que significaba. Que cuando le dijera que no importaba en realidad, pudiera captar la fugaz punzada en el pecho que le daba a ella cada vez que él le decía que no.

Era duro.

Él había sido duro.

Y ahora ella estaba dolida y molesta.

¿Por qué tenía que ser así? Ella estaría con él siempre. Si no podía hablar, moverse, comer o dormir ella estaría a su lado para acompañarlo y ayudarlo en cuanto pudiese hacerlo. Él, en cambio…

Suspiró. Él en cambio prefería evitar su problema y dejarla arreglárselas sola, después de todo ¿Para qué querría estar con ella si no le iba a poder ni hablar? Ni hablar de hacer otras cosas.

Ese día, ese último día había aprovechado de obtener lo último que podría obtener de ella antes de que se interviniera y ya no pudiera ni moverse. Para sus intereses, eso era.

No es que trató de conversar con ella ni escuchar su voz lo que ya no podría durante esos días que seguían, sacó la última pizca de energías que podía sacar para su beneficio y después…

Y después nada, después le había dicho que sería difícil, que tenía otras cosas que hacer y que le parecía que uno de esos días estaba más que bien.

Lo hubiese acatado como un corderito si no fuese porque todavía no se le iba la esperanza. Esa fe estúpida, esa que ella se decía tenía que dejar de tener porque después de todo siempre le hacía daño.

¿De qué vale esperar cosas de la gente, tener expectativas y esperanzas de que alguna vez eso que quieres harán, si al final sólo lo haces para decepcionarte?

De vez en cuando él le enrostraba que ella no le tenía fe y no esperaba nada de él, pero la verdad era que de él esperaba demasiado, pero el problema era que eran esperanzas destinadas a morir porque por mucho que tratase de convencerse de que eso no iba a pasar, siempre quedaba una llamita encendida hasta el último momento.

Y después, él mismo la apagaba.

Atrás

¿Quieres que sea insensible? Lo seré.

¿Quieres que me de igual? Así será, pero cuando lo tengas ya nunca me pidas que sea como antes. No preguntes qué es lo que me pasó, no me digas que ya no te amo, que no soy la misma.

Porque tú lo pediste.

Tú me pediste que no me importara. Tú me pediste que te dejara tranquilo, tú me pediste que te diera esto.

¿Esto es lo que quieres tener? Te entrego mi carcasa vacía, porque si lo que buscabas era contenido, el contenido te lo di y no te gustó. Y lo devolviste, y acá está y lo tengo, pero no para ti. No para nadie, porque en realidad nadie lo quiere, siempre es lo mismo.

Y me lo tengo que guardar para mí, porque en realidad está mejor ahí, segura de que nadie lo va a necesitar ni lo va a querer. No quisiera compararte, pero eres como ellos, aunque eres tan distinto…

Sólo tengo que convencerme de que estoy equivocada, de que eso que quiero entregar nadie lo quiere recibir. Porque es odioso, despreciable y causa asco.

Entiendo, quizá en algún momento alguien podría haberlo querido, pero ahora que se pudre más ya nadie lo podría querer. Quizá si yo fuera tú tampoco lo querría, en realidad nunca he podido pensar como ustedes.

He sido siempre parte de nada en realidad, no me identifico con nada y nadie parece compartir mi sentimiento.

Me gustaría decir que estar sola es fácil, porque tengo toda una vida de práctica, pero no es fácil amor, es difícil, es más difícil cuando siempre he estado ahí.

Amor, te he dado muchas cosas, deben ser insignificantes para ti, lo sé, pero son todas pedacitos míos y yo quería dártelos. He querido darte tantas cosas… Me gustaría tener cosas más bonitas que dar, mejores que dar, pero esta soy yo, esta siempre soy yo, esta siempre he sido yo.

Esta siempre voy a ser yo.

Puedo ser otra para ti, supongo, pero es difícil y doloroso, porque tengo que ignorar cosas que son mías. Tengo que intentar fabricar cosas nuevas para darte, porque una carcasa vacía no es lo que buscas, pero si lo que hoy tengo no es lo que quieres, es lo único que puedo darte ahora.

No quiero decepcionarte, pensé que sabías quién era y aquí estoy, acompañándote siempre y siempre lo haré, no me gusta esconderte mi dolor porque eres la única persona a la que puedo mostrárselo, pero si no quieres verlo está bien, también es repulsivo y entiendo que sientas asco.

Y si un día quieres irte, vete, después de todo estoy acostumbrada a ser la que siempre se queda atrás.

Miserable

Había estado toda la vida esperando algo así.

Algo tan hermoso que pudiera sentir que estaba todo bien

Y lo había conseguido.

Pero con la facilidad con que se vuela un castillo de naipes, su pequeño mundo se derrumbó.

Tiempo.

La palabra retumbaba en su cabeza al punto de perder todo sentido, y pasadas unas horas la palabra no era capaz de evocar ningún significado en su mente y traer instantáneamente las lágrimas.

Sus ojos no podían ver nada en realidad, y ya no estaba segura si era la nube de lágrimas o la nube de pensamientos que le recorrían la cabeza.

Miserable.

En horas, había pasado a sentirse inútil, rastrera, miserable y patética. Había vuelto a los peores momentos de su vida en unas cortas horas. Se sentía débil y no quería, no podía decidir nada. Su cabeza era un lío y su estómago insistía en comprimirse dentro de su abdomen dándole esa desagradable sensación de náuseas.

Tenía angustia.

Y no sabía cuándo se iba a ir.

¿Qué iba a hacer ahora?

Esperar, no había otra opción. Acostumbrarse, era lo más sano para ella y su corazón.

Estaba emocionalmente destrozada, desmoralizada y en el suelo. No muchas cosas tenían sentido ahora, todo era tan confuso…

Sentía como que alguien había movido sus hilos subiéndola hasta el cielo, sólo para soltarla y azotarla contra el piso en el momento exacto en que la confianza se había propuesto a volver a su vida.

¿Y así querían que cambiara?

La resignación la invadió, y se decidió a sobrellevar el dolor por los días que permaneciera, porque en realidad ella no podía hacer nada.

Ya nada estaba en sus manos.


Mal día. Mal par de días si a alguien le importa. Espero no estar diciendo mala semana pronto.

Bueno, ahora a lo importante.

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No quiero estar sola otra vez.

No me gusta, he estado muy sola. Muchas veces.

Le temo a estar sola otra vez, no me gusta lo que siento.

Contigo estoy libre y feliz, acompañada y cómoda. Puedo ser yo misma, pero sola no puedo ni quiero mostrarle a nadie quién soy yo. Llevo mucho tiempo usando una carcasa, y sólo puedo dejar de usarla cuando estoy contigo. Tengo miedo de que ya nadie me conozca y sentirme una extraña con todos y para todos.

Me duele no tenerte conmigo siempre, me duele que no quieras estar junto a mí.

Me duele más pensar que alguna vez ya no me quieras en tu vida.

He llegado a amarte como a nadie y a sentirme amada y feliz como nunca antes había hecho. No quiero no poder volver a sentirme así nunca si me dejas, no creo que haya nadie que pueda hacerme sentir como tú, no lo ha habido antes, no lo habrá luego.

Y tengo miedo, miedo de que puedas dejarme porque siento que tú no te sientes así. Como yo.

Me siento tan feliz, tan contenta, para mí todo es excelente contigo y es difícil para mí pensar que pudiera haber algo tan bueno para mí si un día ya no estás.

Y sin embargo, sí tú lo quisieras, si tú lo necesitaras estoy dispuesta a dejarte ir y quedarme sin todo esto tan hermoso para mí si es por tu felicidad. No me importaría ser infeliz si significa que tú puedas ser feliz. No podría aceptar ser yo feliz a costa de que tú te sientas miserable.

Te amo, y sólo por eso sacrificaría mi deseo más grande porque tú seas feliz.

Te amo, y quiero encargarme de llorar suficiente por los dos a ver si así quizá tú nunca tienes que hacerlo. 

Sangre

Y es que, ¿por qué no podía escribir nada?

No quería que se forzara, porque no sería sincero como ella lo quería. Ojalá pudiese esperar a que fuera fortuito, espontáneo y fugaz como parecía haberlo sido cuando escribió sobre ella.

El pensamiento hizo hervir su sangre y pateó el balde que tenía en frente.

"¿Qué tiene ella que no tenga yo?"

Es que no era esa la pregunta.

¿Qué le había hecho sentir ella, que no le has hecho sentir tú?

Pero para ella no había palabras poéticas que ser plasmadas en un escrito, inmortalizadas en un papel.

Para ella no había habido siquiera una flor en símbolo de que la amaba tanto que caería en una cursilería tal. No señor.

Para ella sólo había habido la ruda demostración de amor, valorable, pero a la vez sin la delicadeza ni la inocencia que tienen una palabra o una rosa. Exenta de todo rastro de añoranza y romance.

Había sido húmedo, fuerte y en silencio.

¿Era acaso esa la razón por la que ahora era a veces tan desolador?

¿Inevitablemente la había llevado a sentir rechazo por la única muestra tangible, evidente, palpable de amor que había tenido de él?

Ya no tenía celos porque, ¿Qué sentido tenía tenerle celos a algo que ya no existe?

Ella ya no significaba nada para él.

Era la envidia. Era el saber que no había podido igualar siquiera la sombra del sentimiento dedicado a esa imagen.

Zarja no quería tomar su lugar, quería desplazarla totalmente, destruir el lugar que alguna vez ocupó y crear uno nuevo.

"Sólo para mí…"

Miró amarga el balde que había pateado, cómo rodaba por el suelo y lentamente se extinguía su sonido acorde iba deteniéndose el movimiento. No había ni una marca en el balde.

Su toque era tan efímero…

Lo había tocado con toda la fuerza que imprimía el amor que sentía por él y, sin embargo, había sido incapaz de evocar en su alma algo tan intenso como para que pudiera plasmarlo.

En cambio, los sentimientos en ella se revolvían con fiereza intentando salir. Día y noche la intensidad de sus emociones se removía dentro de su alma desordenándolo todo y volviéndolo a ordenar.

No es que él no la amara, es que…

Es que no había logrado marcarlo como lo habían hecho antes.

Había entrenado su paciencia y esperado por meses algo tan especial hasta que ya no pudo más. No es que las otras cosas no fuesen especiales, pero es que esto era algo tan…

Único.

Hubo tiempos en que pensó que la ocasión se acercaba, y se volcó con esperanza a leer, escuchar y ver todo lo que él tenía para ella.

Hoy la desesperanza la acompaña en esas ocasiones y, a pesar de que puede ver lo hermoso en sus palabras, sabe que nada de eso es lo que siente por ella. Ha logrado ver la hermosura en la nostalgia y la melancolía que sus escritos le transmiten, pero le es imposible proyectarlo a él porque sabe que nada de eso es suyo.

Ha salido de su mente, mas no ha salido de su corazón.

"Es sólo que estoy cansada…"

Sigue diciéndoselo, todos los días.

Y no es que esté cansada y punto.

Es que está cansada de soñar.

Porque esperar no es lo que la cansa, no logra dejar de hacerlo, pero sus sueños han dejado de recurrir.

De recorrer.

De correr y de volar.

Ahora están atados al poste de su cama, no se mueven.

No cambian, no crecen y no se alimentan.

Se han condenado a morir incluso antes de que ella les cortara las alas.

"Oh, cariño, tienes una mente maravillosa…"

Suspira, y la lágrima que ha esperado en la orilla de su ojo derecho comienza a correr rauda por su mejilla.

Surca su rostro, de piedra aún, en una carrera que terminará cuando se seque en el mantel que está tendido sobre la mesa.

Hace de su mano un puño y golpea fuerte la mesa, haciendo que la lágrima que ya ha alcanzado su mentón se encuentre con su muerte por fin en la fina tela blanca.

Sus ojos cansados no se han movido de la figura del balde desde que llegó a aquella realización.

Era tan débil…

Lo había intentado todo, había dado todo de sí y absolutamente todos sus sentimientos habían sido sólo para él. No había sido nunca tan feliz.

Él era un sueño.

"Si tan solo pudiera…"

No es que nunca le dijera lo importante que era para él, o cuánto la amaba, pero es que era ese sentimiento implícito lo que necesitaba ver. Necesitaba oírlo con el viento, verlo junto a las flores, poder sentirlo con sus propias manos.

Escucharlo desde su corazón.

Las lágrimas erosionan su rostro duro, como el mar a las rocas, y lentamente sus facciones se tornan dolorosas. El rictus en sus labios y los párpados caídos por el agotamiento hacen de su cara una imagen viva del dolor.

Él no regresa, y sabe que hoy no regresará porque aún no le toca volver.

El agua salada sigue cayendo por sus mejillas que se enrojecen, como si las lágrimas lograran dejar sus mejillas en carne viva.

Esperemos que nunca llores sangre…

No lo soporta más y se derrumba, refugia su rostro entre sus brazos apoyándose en la mesa y dejando a la vez el blanco mantel empapado de su sufrimiento.

Los sueños hacen ruido y se remueven en el poste de su cama, es como si gritaran en agonía que quieren salir, pero ella sabe que sólo es la mejoría antes de la muerte.

No los vuelve a oír, sabe que es ella quien los ha condenado a desaparecer porque es más fácil vivir sin el dolor de estar soñando.

Sus sollozos son más fuertes que el golpeteo de sus esperanzas ancladas a la madera, y el ruido cesa de una vez porque de tanto llorar se ha quedado dormida.

Sus sueños duermen con ella y sus sollozos también.

Mientras está despierta, los sueños juegan a hacerle creer que van a dejarse morir.

Mientras duerme cantan victoria, porque saben que sólo morirán cuando ella lo haga.

Cuando por fin tenga llanto de sangre.

¡Te amo!

Todos los días antes de dormir alcanzo a llegar una y otra vez a la misma realización.

Te amo.

Es corto y simple, quizá sí, pero todos los días es sorprendente darme cuenta de esto.

Gracias.

Gracias por dármelo todo y por ser (de una manera tan cliché) el hombre de mis sueños.

El hombre de mis sueños y más, en realidad, porque hay cosas que has hecho que yo no hubiera imaginado.

Sabes quién eres. Bueno, en realidad sabes que sé quién eres, porque yo a veces no estoy muy segura de que lo sepas tú.

En una palabra, que se queda corta de todas formas, eres maravilloso.

Y en una palabra que no quiero que nunca te quede, por favor no seas nunca perfecto.

Está bien así como eres. Deja tu imaginación volar, amor, déjala que haga todas esas cosas tan geniales que siempre hace.

Eres grande, amor, tremendo.

No dejes que nadie te convenza de lo contrario.

No vaya a ser que tú mismo te convenzas de lo contrario.

Cámbialo todo, tú puedes.

O no cambies nada, puedes hacerlo también.

Sigue siendo tú mismo, amor, crece fuerte. Quiero que sigas siendo el hombre del que me enamoré, el hombre que tú quieras ser.

Si tú tienes fuerzas para lo que sea, entonces yo las tengo también.

Te amo.

Me gustaría escribir un libro feliz; yo tengo todos los elementos para ser un hombre feliz; pero sencillamente no puedo. Sin embargo hay una cosa que sí me hace feliz, y es decir lo que pienso.
José Saramago
Princesa

La verdad, a veces le hubiese gustado ser princesa.

No de las de cuentos, princesa como las jóvenes normales. Esas que, sorprendentemente para ella, sin hablar conseguían flores, chocolates, invitaciones, regalos y palabras bonitas.

A veces le hubiese gustado sentirse bien aprovechándose de la generosidad de un caballero. Le hubiese gustado sentirse cómoda esperando a ser llevada, invitada y traída. Puesta en un pedestal.

Sin embargo, había elegido otro camino. Había escogido ser una luchadora. No le fue impuesto, y tuvo todas las posibilidades en la vida para ser princesa, pero ella era diferente. La lucha le venía bien, era un camino largo y desafiante, más atractivo que el estático ser de princesa mimada.

Aunque, después de la batalla, nadie te daba flores si aún estabas vivo. Lo único que recibías eran unas palmadas en la espalda y después…Después estabas tan herido como ellos.

Nadie podía imaginar que bajo esa carcasa dura, ella era tan o más frágil que una princesa. Que después de la batalla sólo quería llorar, después de todo el esfuerzo, después venía todo el dolor

Nadie la acogería en sus brazos y le diría que todo iba a estar bien, que ella era la mejor y que lo haría todo por ella para que no se arriesgara, porque quienes la acompañaban también estaban adoloridos. También sufrían.

Ella no era vista como la joven frágil que necesitaba un paño de lágrimas, era vista como una joven que después de caer se lamía las heridas sola y seguía adelante con un par de palmaditas.

Nadie, porque nadie la veía derrumbarse al llegar a casa después de la larga pelea. Nadie la oía llorar por las noches hasta que el sueño se la llevaba. 

Nadie podía verla sonreír tontamente cuando, asomada por la ventana para ver la luz del día, imaginaba que él traía flores para ella. Porque sí, porque era ella. 

Todos veían a la mujer, pero es que nadie podía ver a la niña de los sueños rotos. 

La niña dentro de ella que sí quería ser princesa todavía, esa que afloraba en cada lágrima de la mujer en la que hoy se había convertido, esa que se escapaba en cada risa de la joven que decidió que ya era muy tarde para ser princesa, porque las sonrisas rotas ya son demasiado suyas.

Ahora los sueños sólo le hablan de muerte.

Muerte y guerra.

Deseo

El deseo lo recorría vorazmente, inundaba cada fibra de su cuerpo con la necesidad de tenerla entre sus brazos otra vez. Su mente se quemaba a todo momento al imaginar y recordar momentos con ella. Había memorizado cada centímetro de su imperfecto cuerpo y lo había hecho suyo incontables veces, pero la sed no se calmaba y sospechaba que nunca lo haría.

Era difícil acostumbrarse al calor constante que le generaban los recuerdos de ella, frescos y obtenidos hace no mucho tiempo, escasos días o incluso varios meses atrás.

Cada rincón de su femenina anatomía había estado a su merced, en su poder, o incluso subyugándolo a la voluntad de ella, y la verdad es que él se había sentido siempre forzado, dominado por ese cuerpo y esa actitud, a ceder a los encantos de su sexo.

No es que se resistiera mucho alguna vez, pero aunque quisiera sabía que no podría hacerlo. Ella era, sin saberlo, demasiado poderosa.

Había visto muchas mujeres, en persona o no, que eran muy hermosas. Incluso más hermosas que ella, pero ninguna lograba ser tan llamativa para él. Todas tenían poses fabricadas, estudiadas, pintadas y fotografiadas una y otra vez, pensadas para seducir, para atraer e incitar. Si alguna tuvo alguna vez efecto en él, sólo pudo ser pasajero, y seguro ninguna jamás con la fuerza que ella lo hacía. Eran falsas. Tan intencionada y artificialmente hermosas y sensuales (sexuales, incluso), que despertaban en él un deseo igualmente irreal e innecesario, totalmente desechable. Resistible.

Lo que lo capturaba de ella era su autenticidad. Era tan real que sólo podía generar en él un ardor intenso, una urgencia tan apremiante como verdadera era ella. No era que no pudiese tocar eventualmente la piel de esas otras mujeres, pero su sinceridad en la actitud era tal que podía palparse, podía detectarla saliendo de  cada poro de su humana e imperfecta piel. Imperfectamente irresistible.

Era todo tan espontáneo a un nivel casi animal, que no le cabía duda alguna de que hacía el amor con otro ser humano, de carne y hueso como él mismo, con sentimientos auténticos en lugar de una máquina creada y entrenada para gustar y complacer.

Sus ojos, devorándolo de arriba a abajo con un hambre que sólo podía demostrar el mundo real, le hacían sentir atrapado en su juego.

Y lo estaba.

Estaba atrapado en el fuego de sus ojos, de su cuerpo. El fuego suyo propio, que la convertía a ella entera en una llamarada furiosa e incandescente.

Sabía que siempre, inevitablemente caería otra vez.

Todas las veces que ella quisiera.